No tiene sentido.
Como me gusta meterle drama, lee esto con esta canción de fondo y con muchas ganas de cortarte las venas.
He decidido abandonarme a este sentimiento sin meter las manos.
Estoy disfrutando tanto del instante como quien se aventura a la posibilidad de no volver, como quien cierra los ojos y no puede distinguir si será la primera o la última vez, como lo confuso del silencio en mi interior al despertar, como el placer de las pequeñas cosas; como tu labio superior, como tus miradas breves, como tu risa nerviosa.
Confieso que quise tomar tu mano, acariciar tu pelo cuando otros decían tu nombre, contarte un secreto en un momento inconveniente. Quise cantar contigo, estar más cerca, pedirte a solas, ser cómplices sin pena. Pero también quise ser egoísta: quedarme con la ilusión intacta por más tiempo, guardarme los besos al alcance de algún reencuentro sin fecha, y confirmar (a pesar de las verdades) que te quiero, que me importas, pero que hoy no me interesa si estás lejos, indiferente o confundido.
Hoy festejo lo que yo siento, hoy me alegra consentir a mi corazón y saber que aún soy capaz de desear con todas mis fuerzas que el día no acabe, que el abrazo dure, que las últimas frases no se me vayan a olvidar.
Hoy festejo lo que yo siento, hoy me alegra consentir a mi corazón y saber que aún soy capaz de desear con todas mis fuerzas que el día no acabe, que el abrazo dure, que las últimas frases no se me vayan a olvidar.
Porque me gusta creer más en el riesgo de una palabra sincera que en la comodidad de una causa perdida. Y porque he determinado no atormentarme todavía con que quizá no nos podamos corresponder.
Hoy puedo testificar que las esperas sí valen la pena, hoy simplemente estoy encantada de que hayas estado aquí.
Hoy puedo testificar que las esperas sí valen la pena, hoy simplemente estoy encantada de que hayas estado aquí.
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