4/01/15
No puedo lamentarme. Te tuve tanto como pude y te di tanto como quise. ¿Que si deseaba más? Yo siempre deseo más. Siempre he tenido la idea de que amar hasta las últimas consecuencias es más cuestión de evitar arrepentimientos, que de exponerse a la fatalidad. Tal vez es por eso que ahora he decidido no reprochar. Porque logré atravesar la puerta de ese café sin haber deseado ser otra, hacer algo diferente, regresar el tiempo o volverte a conquistar.
No, el tiempo que te dediqué fue perfecto, el tiempo en que te vas lo es también. Tus motivos son tan válidos como mis maneras de querer, tus urgencias tan respetables como mis maneras de ser. Fui yo tanto como lo he sido desde que descubrí que me gusta serlo, y con todo lo que implico es que te quise enamorar.
Y sí, me duele el corazón porque te vas. Siento frío. Siento vacío. Siento que se retuerce incómodo dentro mío por esta decisión. Pero lo voy a sostener con fuerza, lo voy a apretar contra mi pecho y lo voy a mantener unido obligándolo a latir, sin un solo cachito que se quede en el camino de lo que ya no será.
Me he convertido con los adioses, en una de esas que se niegan a las fracturas expuestas, no por orgullo o por preservar mi dignidad, simplemente porque un rasponcito bien cuidado es mucho más fácil de sanar. A final de cuentas, quiero volver a amar, y este corazón es lo único que tengo, la única garantía de que nunca ha estado en mis planes renunciar.
Comentarios
Publicar un comentario