Manifestación
Llega un momento del duelo en el que dejas de aferrarte a falsos consuelos.
Llega un momento en el que por más que intentas, ya no logras justificar los actos ajenos, ese momento en que dejan de parecerte apropiados los motivos que te desarmaron pero tanto te esforzaste en respetar, ese momento en que recuerdas que un «pero» siempre invalidará cualquier premisa que le preceda, la hará menos, la dejará libre para que deje de molestar.
Te quiero, pero…
Te quiero, pero.
¿Entonces? Entonces éste es mi momento. Éste es mi golpe seco de realidad. Soy yo exponiéndome al dolor que provoca el rechazo disfrazado de incompatibilidad. Soy yo aceptando que el amor propio no me está alcanzando para soltarte y que me dejes de pesar. Soy yo escupiendo el cuento que me tragué por tanto tiempo, ese en el que al final me querías, y así eras tú, esa era tu manera de querer.
No. Me dueles y no pienso seguir fingiendo que no me importa ver cómo quieres acabarte el mundo pero no pudiste empezar uno conmigo. O que me da igual si planeas mil viajes pero ninguno fue para estar aquí. O que sigo admirando tu manera tan particular de desvivirte por lo que amas aunque apenas y pude ser testigo de un cariño tan devoto como ese hacia mí.
Y lloro. Porque sabes que se me da llorar. Porque cada vez resulta menos relevante el concepto en el que me vayas a tener. Porque estoy cansada de tenerle miedo a que pienses que es reclamo. Porque es mi sentimiento, tengo derecho a protestar.
Lloro porque si eres tú el que no me quiso, dejo de ser yo la del problema. Porque después de todo, me acompañaste a descubrir que he recuperado las debilidades y virtudes necesarias para enamorarme como la perfecta piloto de mi planeador emocional. Y porque problemas tengo, y este jodido momento que me acabo de revelar es uno. Abruma. Y aplasta. Pero lo prefiero que desgarre a que me siga consolando con lo que no es verdad.
Comentarios
Publicar un comentario