Mi mundo entero.
De ti me gusta todo. Tienes en conjunto, las cualidades que le he aplaudido a las personas que he llegado a admirar. Incluso, hasta todo eso que podría detestar en el resto de la gente, lo amo en ti, me provoca una intensa fascinación.
En cada elemento tuyo hay belleza, pues tienes la valentía de decidir quién quieres ser, y construyes sobre ti mismo todos los días.
Amor a ti, y amor contigo. Amarnos y amar juntos. Que parece ser lo mismo, pero sólo en el amanecer, cuando todo es claro y estás ahí, me parece evidente la diferencia entre una y otra cosa. Entre todo eso que normalmente, revolvemos o dejamos de contemplar. Pero te he contemplado, y entonces me di cuenta de que había dejado, por algún tiempo, de contemplar al mundo también.
Cuando duermes y cuando ríes, cuando el mundo llueve o se ilumina, esas veces que el sol se ha infiltrado en mi piel, así como cada vez que me miras. Cuando te colocas perfume encima y el aroma del planeta parece ser más dulce, y hasta cuando fumas y te ves tremendamente bien, el cielo se nubla y aún así, sigue siendo cielo, el único lugar en el que se puede volar.
Cuando me escuchas, y de pronto cae la noche. Cuando me besas, cuando me hablas al oído, cuando bailas conmigo, ahí está, el mundo pone su viento a soplar, refresca mi cuerpo, me obliga a aspirar, a dejarlo entrar. Y somos uno.
Soy parte del mundo y el mundo es parte de mí, pues tú y yo somos, de manera brutal, un mundo entero.
Cada cosa que haces impacta mi terreno, y es aquí cuando quiero aplaudirle a la vida de pie, pues a pesar de la tierra que nos ha tocado habitar, resulta reconfortante saber que uno puede elegir su propio hogar, y en este corazón tan fértil que me ofreces, y ese amor tan puro que nace y renace de él, cada día, sin parar, me quiero quedar.
De todo lo que hay y puede haber, te elijo. Te elegí hace más de un calendario entero y te elijo todos los días al despertar, porque sé que no importa todo lo que pueda derrumbarse afuera, aquí, entre tu sonrisa y la mía, crecen flores.
Eres mi mundo favorito, ese lugar al que puedo llamar hogar.
Amor a ti, y amor contigo. Amarnos y amar juntos. Que parece ser lo mismo, pero sólo en el amanecer, cuando todo es claro y estás ahí, me parece evidente la diferencia entre una y otra cosa. Entre todo eso que normalmente, revolvemos o dejamos de contemplar. Pero te he contemplado, y entonces me di cuenta de que había dejado, por algún tiempo, de contemplar al mundo también.
Cuando duermes y cuando ríes, cuando el mundo llueve o se ilumina, esas veces que el sol se ha infiltrado en mi piel, así como cada vez que me miras. Cuando te colocas perfume encima y el aroma del planeta parece ser más dulce, y hasta cuando fumas y te ves tremendamente bien, el cielo se nubla y aún así, sigue siendo cielo, el único lugar en el que se puede volar.
Cuando me escuchas, y de pronto cae la noche. Cuando me besas, cuando me hablas al oído, cuando bailas conmigo, ahí está, el mundo pone su viento a soplar, refresca mi cuerpo, me obliga a aspirar, a dejarlo entrar. Y somos uno.
Soy parte del mundo y el mundo es parte de mí, pues tú y yo somos, de manera brutal, un mundo entero.
Cada cosa que haces impacta mi terreno, y es aquí cuando quiero aplaudirle a la vida de pie, pues a pesar de la tierra que nos ha tocado habitar, resulta reconfortante saber que uno puede elegir su propio hogar, y en este corazón tan fértil que me ofreces, y ese amor tan puro que nace y renace de él, cada día, sin parar, me quiero quedar.
De todo lo que hay y puede haber, te elijo. Te elegí hace más de un calendario entero y te elijo todos los días al despertar, porque sé que no importa todo lo que pueda derrumbarse afuera, aquí, entre tu sonrisa y la mía, crecen flores.
Eres mi mundo favorito, ese lugar al que puedo llamar hogar.
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